viernes, 31 de julio de 2009

Hogar, dulce hogar

 

 hogar

Queridos feligreses, hoy me dirigiré al centro de la sociedad y no me refiero a que marcharé al centro de la ciudad para hacer alguna diligencia, sino que voy a referirme al núcleo de la sociedad, es decir a la familia. Y como cada familia vive en un hogar... bueno esto no es del todo cierto, ya que con aquello de la globalización, son menos las familias que viven en un sólo hogar y hoy andan desperdigadas por todo el mundo, aunque pensándolo un poco más... por aquello de la crisis, son más las familias que viven apretujadas bajo un mismo techo... así que, como les decía, en el mejor sentido, el hogar familiar es el eje de la sociedad. Y es de esto de lo que les voy a hablar hoy: del hogar. De mi hogar.

Con la llegada a nuestra nueva ciudad, Rosario, cambiamos con la Secre, un hogar bastante grande y bastante más concurrido de visitas, por otro, mucho más pequeño, pero que principalmente es nuestro, propio de nosotros dos, ella y yo... aunque lo estemos alquilando. No llegan tantas visitas como en Pergamino pero como nos gusta ver el lado positivo de cada cosa, nos alegramos al saber que el café, el mate y las galletitas duran más.

En estos días me pongo a pensar en lo bella que es esta casa parroquial, en el cariño que guardamos dentro y en lo bien que lo pasamos aquí. Y es que no podía ser de otra manera, ya que la acústica –por empezar por alguna parte- es extraordinaria: todo lo que hablo en la habitación, resuena y se recibe claramente en el comedor o en la cocina, en el balcón o en el estudio o en el baño. Aunque debo aclarar que no sucede exactamente lo contrario, para tranquilidad de las visitas.

Antes, dejar el control remoto de la TV en cualquier otro lugar diferente a la habitación de la tele, era motivo de discusión y el consabido “ve, tráelo tu”, o el “no, ve tu, que vos lo dejaste allí”. Acá, eso no sucede. La Secre tiene la costumbre de llevarse –y dejarlo allí- el control remoto al comedor. Cuando yo me siento en la cama a ver un noticiero o la misa por el canal santo, debo dirigirme hasta la mesa del comedor y traer de regreso el dispositivo electrónico al cuarto. Pero debo hacerlo rápido porque ahora discutimos, por ver quién lo lleva primero de regreso a su puesto. ¿Qué maravilla, no?

Si la Secre está en la PC, no tengo inconveniente alguno para ir a su lado cuando me llama para mostrarme algo. Tampoco ella, para ir a la cocina a ver los desastres que yo pueda estar haciendo cuando preparo el café. No sé qué es lo que tiene este departamento pero la Pereza no tiene acogida en este hogar. ¿Qué bueno, no?

Estamos tan felices aquí que parece no existir distancias entre nosotros. Saberla cerca es tan agradable que me parece que estuviera justo a mi lado sin importar en qué habitación estemos, es como si nos acompañáramos todo el día. Creo que hasta escucho sus pensamientos. ¿Qué lindo, no?

Algo debe haber en el ambiente de este departamento que nos hace sentir esas cosas bellas. Aunque... también debe ser por el tamaño del departamento en sí. Y es que no es tan grande como para decir: “mira, que parece una cancha de futbol”. En realidad es más pequeño que eso... bueno... es mucho más pequeño que eso. Para que se hagan una idea, no podemos tender la cama si estamos preparando el almuerzo porque corremos el riesgo de quemar las sábanas. O peor aún, si comemos galletitas viendo tele las migas caen en el comedor y algunas hasta llegan al teclado de la PC que está en el estudio. O el día que derramé medio vaso de vaso de agua sobre la alfombra en el recibidor... ¡casi se nos inundamos! ¡Todas las habitaciones se mojaron!

Bueno, así es nuestro hogar, pequeñísimo sí, pero tan lleno de buenos pensamientos y tanto cariño que un barrio entero no podría contener tanta felicidad. Y lo más lindo es que siempre tenemos fila para entrar a compartir la mesa: ¡No hay modo de que quepamos más de tres al mismo tiempo!

Bendiciones, y... no olviden reservar cupo para su visita con anticipación, no queremos que sientan el frío del invierno mientras esperan afuera.

jomonk2

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sábado, 18 de julio de 2009

¿Se le apareció la Virgen?

 

Virgen 

Recuerdo que siendo un niño, leía en los diarios que la Virgen se le había aparecido a unos pescadores en una bien olvidada población del Atlántico colombiano. Inmediatamente se iniciaba una romería de vecinos y de curiosos, de fieles e infieles, de creyentes y de no creyentes, que tenían que ver el milagro realizado con sus propios ojos. Aclaro, que el milagro lo hacía la Virgen de marras y no los ojos de esa lista sin fin de personajes.

“Aquí estábamos recogiendo la red cuando oímos la voz que nos llamaba”, decía Octavio, padre de los 7 hermanos que lo acompañaban cuando sucedió la aparición, aquella mañana de agosto. -Me llamó por mi nombre y me dijo: “José Lui, vente pá quí”, con marcado acento costeño, agregó Arturo.

-Seguro se confundió con mi abuelo, porque él se llamaba Eneas, pero le decíamos con cariño “Eneas vente pá quí”, quiso explicarnos con su mejor cara de santo, al mismo tiempo que levantaba con su brazo izquierdo el bocachico que entre sus escamas brillantes dejaban ver la silueta de una virgen, sin que nadie se atreviera a corregir, con mucha prudencia, que ese pez no era un bocachico sino un coporo, que queda delicioso preparado con manteca de cerdo.

El milagro se le hizo a la familia, de eso nunca me quedó la menor duda. Los visitantes les dejaban manjares, monedas y joyas en agradecimiento por haber compartido tan buena nueva, recordándoles que la Virgen no se olvida de los pueblos olvidados. También les pagaban por permitirles admirar el pez bendito y recibían un extra significativo si les dejaban usar el baño. Así, la familia, pronto tuvo lo suficiente para marcharse a la gran ciudad y empezar la pescadería con la que tanto habían soñado.

Desde entonces, las apariciones de la Virgen se han multiplicado como los casos de gripe A en el mundo. Son ya tan frecuentes que cuando sabemos de un caso nuevo, en lugar de ocupar la primera plana en los más importantes diarios locales, la noticia la encontramos como publicidad pagada. Es que no deja de ser negocio y en tiempos de crisis no va a dejar de serlo. Muchos aun creemos en la posibilidad de ver la pared de la sala convertida en un fresco auténtico de María, como testimonio irrefutable de su visita, tal y como acostumbran los restaurantes a mostrar que un famoso estuvo allí.

Si fuera yo el elegido, pienso en todo lo que haría y la lista sería interminable. Primero que todo, las tradicionales estampitas y escapularios. Encargaría camisetas y gorras que recuerden el hecho a cuanta persona las vea por las calles, eso sí, convenciendo a la fábrica que no debe cobrarme por ellas porque sería un pecado comercializar y/o lucrarse con la fe de la gente. Unos afiches con fotografías de la pared en su mejor ángulo y yo, parado allí con cara de penitente agradecido mostrando un par de mis agujeros ya conocidos de mi sotana, lo que reforzaría mi imagen de desinterés por el dinero Entrevistas a los medios, asegurando que mis habilidades como pintor no dan para dibujar una hoja mediana de papel, mucho menos a la virgen en una pared. ¿Cuánto dejaría todo eso? Caramba, que llegue la virgen a la parroquia… ¡pronto!

Lo que si me costará trabajo justificar, es si algún reportero cualquiera se le ocurre preguntarme: “Farenas, por favor, podría explicarle a nuestra importante audiencia, si la Virgen vino a presentarse a usted con humildad y piedad, ¿cómo termina estampada en la pared?

Bendiciones

jomonk2

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Enlaza al Confesionario †