sábado, 31 de octubre de 2009

Un nuevo noviembre: Invitación

 

torta-beato 

Queridos feligreses me da gusto llegar con un nuevo sermón, en este nuevo mes de noviembre, que como siempre es muy especial para los que consideramos a noviembre… muy especial. ¿Pero qué tiene de especial noviembre que no tengan los otros meses? dirán algunos y yo me apresuro a responderles que “mucho”.

Y es que como todo en la vida cambia, noviembre no podía quedarse atrás y para mi satisfacción se renueva para traer consigo las más agradables vivencias y oportunidades. Antes, cuando yo estaba en el colegio, era el mes más esperado de todo el año, más incluso que diciembre que traía la navidad y… los regalos, pero por aquellas cosas de las vacaciones, noviembre me traía la felicidad esperada. Terminaba el año escolar en ese mes y no había alma más alegre que la mía en todo el mundo.

Los años pasaron y en ese mismo mes, obviamente, me gradué del colegio y di el paso a los chicos grandes que van a la universidad. Empezaba a labrarme mi futuro y ese mes me abrió la puerta para respirar profundo e incursionar en los terrenos filosóficos y decirme –por primera vez- con toda seguridad: “y… ahora… ¿qué carajos hago?” Pero fui feliz y tuve grandes momentos en ese mes. La fiesta de grado, los regalos que llegaron con la fiesta y el grado, y hasta una embarrada de padre y señor mío, se volvió en una de las más grandes enseñanzas que he recibido. Se las cuento. Resulta que un primo de mi padre, llamado Alvaro, me regaló un juego elegantísimo de Parker, una estilográfica y un lapicero. Relucía el oro y sus tapas imponentes contrastaban contra el fondo del estuche forrado de terciopelo negro. Quizás el regalo más elegante que haya recibido en mi vida. Resulta que a los dos días mi padre me preguntó si lo había llamado para agradecer el regalote. Yo le dije que no y prácticamente me arrastró al teléfono. Yo, todo serio y muy enfundado en mis 18 años, de HOMBRE –así con mayúsculas, porque ya había terminado mi bachillerato y andaba camino a la universidad como todo un grande- le digo con mi mejor voz de tenor: “Alvaro, te llamo a darte las gracias, estoy muy agradecido con la bobadita que me regalaste…! Lo único que recuerdo de ese día no más terminé esa frase, fue el bate de beisbol que venía directo a mi cabeza y con el que mi padre había estado jugando conmigo cuando me hizo llamar a Alvarito.

Después, también un noviembre fue cuando me asignaron mi propio claustro en el seminario. Ya podía dormir sólo y sin temores. Sin temores digo, porque siempre tuve miedo de hacer ruidos o cosas sin querer que pudieran despertar a mi vecino. No piensen mal, digo ruidos y cosas, como cuando me atacaba el desvelo, prendía la luz para leer la Biblia y generalmente tropezaba con la copita de vino que me acompañaba desde la mesa de noche. Ya saben, cosas de seminarista que aspira a llegar muy lejos.

Podría enumerar todos los vienticinco noviembres –que hasta parecen más de cincuenta- que he vivido durante mi vida, pero necesitaría más sermones para contarles cada cosa, así que saltaré rápidamente al año en que una amiga finalmente me dio el número telefónico de la Secre a cambio de 24 cajitas de vino para consagrar en cajita y sorprenderla en su cumpleaños. Lo bueno de todo es que yo estaba en Chile y mi amigota no me dijo que no debía marcar desde allá el cero que acompañaba los siguientes 20 números. Aunque no pude felicitarla, me quedó el sabor dulce de haberlo intentado. ¿Y mi amiga? pues nunca le dije que el vino ya era vinagre. ¡Me imagino cuántas ensaladas habrá preparado con 24 litros!

También un noviembre se empezó a cristalizar el primer encuentro de amigos de Internet. Llevábamos 8 años escribiendo en el mismo grupo de MSN, nos conocíamos la vida de todos y nos queríamos como una gran familia internacional, y ese mes decidimos encontrarnos en Buenos Aires. Como 15 personas dimos el salto de la virtualidad a la realidad. Se hicieron los planes, decidimos y finalmente nos encontramos en enero, pero fue en noviembre cuando se decidió que en nuestras vidas, nada iba a ser igual después de abrazarnos.

Un noviembre del año que no diré, por motivos de seguridad y ganas de vivir cuarenta años más, nació en Pergamino una gran amiga, mi mejor amiga y a quién la vida me hizo esperar cincuenta años para encontrarla: La Secre. Un 4 de noviembre, Pergamino vio la luz al sentirse iluminada con tan esplendorosa mujer. Este mes, el día cinco, celebraremos en los Silos, a orillas del río Paraná el cumpleaños de la Secre y de María Susana -nuestra gran amiga de Spaces, que cumple el primero - con una cena que seguro será inolvidable, por algo será nuevamente en un hermoso mes de noviembre. Están todos invitados, los rosarinos y rosarinas y los que no lo sean también, podrán acompañarnos a apagar unas cuantas velitas, porque la torta llevará las velas de las dos juntas je, je, necesitamos ayuda para soplar, así que por favor no dejen de acompañarnos. Por correo les diré exactamente el lugar exacto a quienes quieran llevar sus regalos –voluntarios, eso sí- ya que Roma no me permite hacer publicidad en los sermones.

Bendiciones de noviembre para todos.

                     jomonk2

Safe Creative #0910314802705

miércoles, 14 de octubre de 2009

El cambio climático, Blog Action Day

 

Queridos feligreses. Hoy nos hemos reunido para conversar sobre el cambio climático que cada día, cada semana, cada mes y cada año, vamos sintiendo que nos acorrala en una jaula sin salida y que termina por afectarnos directamente, no sin antes afectar a quienes nos rodean a tal punto que no sabemos reconocer quién –ni dónde- empezó la cosa.

Resulta que yo pensaba –me lo enseñaron antes de entrar al seminario- que el cambio climático sólo se daba en las mujeres del sexo opuesto. Ayer, leyendo en el diario que me envían de Roma mensualmente, encuentro que también puede darse en los hombres. Y hoy, con los ojos llenos de lágrimas leo por todas partes que también le sucede al planeta Tierra.

calentamiento

Yo sabía que el cambio climático llega con los años, que es un proceso lento y largo. O al menos a ellas les parece eterno. Yo a mis cincue… treinta y cinco años, no he sentido esos calores que dicen que llegan con los primeros síntomas y aunque duermo con la ventana abierta, lo hago más por mantener una buena circulación de aire en mi claustro y no por aquello del sofoco. Doy fe de que a la Secre tampoco le ha llegado su turno para los calores repentinos e inesperados, puesto que su nivel de colesterol es más que bueno.

Pero quedo pensando… la Tierra, nuestro bello y amado planeta. Me enteré en esos diarios de Roma que la tierra se está calentando, pero a diferencia de ellas, la Tierra lo hace a un ritmo vertiginoso, tanto que ya podemos calcular con sorprendente exactitud la fecha de una hecatombe, si no nos ponemos todos –al menos- a soplar al tiempo para enfriarla.

Y regreso a ellas, porque es mi punto de referencia, por favor no se molesten pero toda investigación científica requiere de bases sólidas para poder llegar a conclusiones sólidas. Ellas, llegado el momento, empiezan a sentir cambios en su período, tanto en su regularidad como en su intensidad. Y la Tierra… ¡caramba! Qué también pasa por lo mismo. Ya la primavera no empieza el 21 de marzo o el 21 de septiembre según donde se esté, los inviernos más cortos y más fríos, el verano más largo además de ser más intenso. No nos sorprende ya un otoño con 40 grados como sucedió la semana pasada en la península de Yucatán, México. ¿Qué nos está pasando? ¿Por qué no reaccionamos de una vez y nos ponemos manos a la obra para detener este climaterio precipitado que sufre nuestro hogar más bello? Recuerden que es el único que tenemos.

Otro síntoma claro en las Ellas que cruzan esa línea, es el cambio del temperamento o de genio. Se vuelven más irascibles y menos tolerantes. ¿Y la Tierra? Igual. Se molesta y tiembla cada vez más fuerte… ¿de miedo, quizás? y manifiesta su frustración porque no la cuidamos debidamente. Sus vientos huracanados son cada vez más fuertes y más seguidos y ni hablar de los volcanes. ¿Cómo es posible que nadie se dé por aludido y continúen ignorándola?

Vamos unamos nuestras voces en una marcha por la madre Tierra. Pero, no me malentiendan, no me refiero a caminar por el centro de las ciudades embotellando el tráfico. Mi propuesta es que cantemos esta marcha que he escrito para que sea nuestro himno. ¿Vale? Bien, empecemos. Do mayor, Todos, un, dos, tres:

Madre Tierra, hogar de nuestros hogares
Por favor aguanta, no te rindas,
Fíjate que aun hay gente linda
que quiere navegar por tus mares.
Fieles que donan pro mi piscina,
pro vino y galletas, sin manjares.

Madre Tierra mientras tu resistes,
unimos manos y corazones.
Con esta marcha y más canciones
cambiaremos esos ojos tristes,
que no dejan entender razones,
de locos que viven el despiste.

Madre Tierra, canta este canto
Es una tonada tan sencilla
Que pide por alargar tu vida.
Canta que ya están escuchando
Desde acá hasta en la China,
Pronto todos habremos cambiado.

Uno, dos, tres, cuatro ¡marchen!
Y actuemos, amén… Digo… ¡ámen!

Bendiciones

                       jomonk2

Safe Creative #0910154687579

viernes, 9 de octubre de 2009

El médico Punzón

 

 Punzon

Queridos feligreses, hoy quiero agradecerles su interés por conocer los resultados de los exámenes a los que fui sometido en días pasados. Para aquellos que apenas llegan a la parroquia y no pudieron leer a El Médico Matha, ni a El Médico Falla, les aclaro que no eran exámenes de Matemática Básica, Caminata en Pasarela, Púrpura mi Color, ni de Derecho Nuclear, como los que me imagino deben aprobar los candidatos a Papa, sino a unos exámenes médicos porque a este Cardenal de un pelo en pecho, un día desafortunado, le encontraron síntomas de padecer una enfermedad más de mujeres que de hombres, en su cuerpo cien por ciento varonil.

El día del examen en cuestión me introdujeron algo que ellos llaman un “no-lo-va-a-sentir-siquiera” y que me hizo saltar no exactamente de alegría… ¿o sí? Mejor digamos que no, y que en cuestión de un –corto- período de tiempo me extrajo algo de allá adentro que según las palabras del doctor Punzón, era de un color transparente. Creo que lo dijo en tono de satisfacción. Lo que aun no sé, es si era de satisfacción para él por lo que pudiera seguir en el tratamiento, o satisfacción para mí, que significara que ahí terminaba el tratamiento. Lo que más recuerdo es que al pasar la anestesia sentí las molestias que nunca había sentido.

Con los días pasando y yo en espera del resultado de los exámenes, fui entendiendo más y más a las mujeres. Eso de esperar por todo en la vida debe ser tenaz! Ya sé lo que les hacen cuando van al centro médico especializado para mujeres y les juro que no me interesa saber en lo más mínimo, qué les pudieran hacer cuando sus dolencias son otras.

Ya con los resultados en la mano, regresé al consultorio para escuchar el veredicto final. “Mire Farenas, ¿puedo llamarlo así o debo decirle Cardenal Farenas?”, me dijo el médico con otra de sus sonrisas preestablecidas. “Preferiría que me dijera: puede irse a casa, no tiene nada”, le respondí, intentando copiar su sonrisita. La Secre me miró con cara de “mirá-que-se-te-va-la mano” frunciendo el ceño.

“Farenitas, quiero ser sincero con usted. Los exámenes dicen con un alto grado de seguridad que usted no tiene nada grave en su cuello, pero no puedo garantizar que eso sea un cien por ciento cierto, hasta no abrir”. “¿Golpearon?, no escuché, perdóneme, mire quién es, que nosotros esperamos”, me apresuré a decirle. “Me refiero a una cirugía, Farenitas, que se hace de un día para el otro, bastante sencilla y que tan sólo requerirá tenerlo dos días internado”. Tan sólo atiné a decir… “¡glup”! “eso sí, yo lo voy a remitir al mejor médico cirujano que hay en la ciudad, para que le extirpe la tiroides de una vez”. De nuevo otro “glup” se me escapó sin querer. “Mire, entiéndame, usted no tiene nada grave, le repito, pero en los hombres se cree que hay mayor incidencia que en las mujeres cuando se trata de nódulos y para eliminar cualquier posible complicación en el futuro, mi consejo es retirarla por completo…”. Dos “glup” míos terminaron su frase.

Algo en mi interior saltaba de alegría. Por fin alguien me decía que era una enfermedad que se presentaba más en los hombres y no era mayoritariamente femenina. Un aire varonil y rejuvenecedor, recorrió mi cuerpo de punta a punta. Pero por otro lado, me sentía confundido: Si está funcionando bien o al menos no está del todo mal, ¿para qué retirarla ahora? ¿No sería como operar la apéndice para prevenir una apendicitis? Estaba intentando controlar mi temblor repentino cuando el doctor me dice:

“Por la zona donde están localizados los nódulos, debemos elegir al mejor cirujano y el doctor Corta es el mejor, sin duda. No podemos arriesgarnos ya que las cuerdas vocales, la arteria no se qué, los no sé cuantos que hacen lo otro, pasan por las vecindades y no podemos correr ese riesgo”. Tres sonoros “GLUP” salieron de mi garganta poco antes de casi perder el conocimiento, pero alcancé a recuperarme rápidamente para acordarme que hacía unos pocos minutos me había dicho que era una cirugía bastante sencilla y de un día para otro. Ahora, ¿ya se había complicado?

“Corta es médico particular por lo qué le va a cobrar la consulta y la cirugía, pero vale la pena. Es mejor pagarle a uno que sepa lo que hace, al fin y al cabo acá todos van a cobrarle algo, los buenos no están en medicinas prepagas”. Le dije tartamudeando que las arcas de la parroquia estaban desocupadas y que si habría forma de que en pago aceptara unas hermosas arañas y sus hermosas telarañas que se habían alojado definitivamente en la consabida cajita. Me dijo que no, con un rotundo “NO”. Le pregunté cuánto podía costar y me dijo que no sabía, pero que podrían ser unos “tres mil dolaritos, aproximadamente, MÁS o menos”, me pareció escuchar antes de caer desmayado.

Bendiciones impartidas por la Secre, debido a mi incapacidad actual de articular palabra,

                      jomonk2

Safe Creative #0910094663138

lunes, 5 de octubre de 2009

Buscar a la Virgen

 

Queridos feligreses, nos encontramos aquí reunidos de nuevo. Por favor tomen asiento después de pasar ordenadamente por la cajita de limosnas y depositen su óvul… óbolo digo, generoso y voluntario.

Procesion 

Perdoná vós (así con acento argentino) que no haya llegado antes, es que con esto de las procesiones a las vírgenes tengo que desplazarme de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo todos los días. Pero no se creán ustedés (otra vez el acento argentino, creo) que voy a presidir la procesión, ¡nooo! Es que con la escasez casi total de esa especie de la faz de la tierra (me refiero a las vírgenes por supuesto), pues no podemos desaprovechar la oportunidad de ver ese milagrito.

Y no me extraña que tanta gente se apunte a esas largas travesías, incómodas y lo peor es que son a la intemperie (¿cuándo se inventarán una procesión en la sala de una casa?). Decía que no me extraña que todos corran a ver a la única virgen sobre la faz de la tierra. Como no hay forma de comprobar desde el púlpito si es verdad que la presente ostente el título con méritos, a no ser por la cara de aburrida y resignación que lleve la Madonna, pues cada ciudad quiere la suya. Soñadores crónicos que son, nada más.

No más en los últimos días tuvimos la de la Virgen de San Nicolás (ciudad situada a 100 kilómetros de Rosario), la de la Virgen de La Merced en Pergamino (ciudad situada a 110 kilómetros de Rosario), la virgen de Luján, mañana la de Rosario y el revuelo de la gente se viene sintiendo hasta en las limosnas de la Parroquia: cero monedas, porque todos estaban, están, o van a procesionar.

Para acompañar este Sermón, quise buscar en Internet –confieso que preferí la comodidad y que me dio pereza bajar hasta la biblioteca de la parroquia- “procesiones Argentina” y me devolvió todo menos lo que buscaba. Puse entonces “Viacrucis Argentina” y me devolvió resultados con la “vida cotidiana”. Así que preferí disimular mis conocimientos profundos en el tema y seguir adelante sin ayuda externa.

¿Recuerdan en nuestros tiempos mozos? que decían “virgen” y todos seguían su camino tranquilamente porque con tanta abundancia pues no era noticia. Pero claro, ahora con la falta de escasez, pues... ya vemos lo que pasa. Todos se arremolinan para acompañarla a cualquier parte. Y ahora que lo pienso, si miran las fotos o cuadros de las vírgenes de antaño, también se puede ver que los tiempos son otros. Las de antes -las vírgenes, no las fotos- tenían cara angelical y sonrisita pícara que invitaba a rezarles, a pedirles y si aún no se decidían, hasta les rogábamos. Las de hoy en cambio, nada que ver. Los ojos están apenas entre abiertos, la sonrisa se desdibujó de sus labios y las verrugas y el sobrepeso llegaron para reemplazar la timidez y para quedarse. Pobres ellas, podrán ser muy vírgenes pero ya nadie les ruega, ni por el amor al Altísimo. Van y se buscan el milagro en otra parte.

Tan sólo espero la visita a la Virgen Desatanudos. Ella es a la que todos los años le pasa lo mismo y se hace un tremendo lío desatando los nudos que hacen de sus líos los fieles. Como soy exmarinero, pues en eso de los nudos soy experto, tan sólo espero la procesión para ver si las desnudo.

Bendiciones

                 jomonk2

Safe Creative #0910054632099

 

Enlaza al Confesionario †