domingo, 7 de marzo de 2010

La felicidad

felicidad

Todos de pié. Esta sotana trae consigo responsabilidades de cualquier clase… ricos, pobres, media, alta… todos llegan a pedir consejos, guías y si se puede incluir, algún tipo de perdón que justifique las empanadas que gentilmente han traído como muestra de su aprecio hacia este humilde –y hambriento- servidor.

Uno de los temas predilectos elegido por mis feligreses es el de cómo ayudarles a solucionar problemas relativos a la felicidad. Quieren conseguir, comprar, arrendar o intercambiarla por una semana con todos los gastos pagos en un hotel caribeño. Lo curioso, es que ellos son felices, pero no lo saben, porque por estar ocupados buscando la eterna alegría, dejan pasar en frente de sus ojos esos momentos que iluminan el alma de todos nosotros a lo largo de nuestras vidas.

Yo les digo y les repito, con una frase sabia que encierra todo lo que ellos quieren oír y que… yo… este… no sé explicar. “La felicidad no puede ser real mientras no sea compartida”. Pero si la analizamos la entenderemos más fácilmente, por ejemplo, la pareja que vive con la suegra en la misma casa por unos cuantos días, no verá su felicidad sino con la partida de la suegra. La pareja que ya no se entiende, será feliz el día que alguno de los dos anuncie su partida. El sujeto sediento de conocer el mundo no se sentirá feliz hasta el día que su partida hacia tierras desconocidas se realice. Es decir, las partidas generalmente anuncian que la felicidad toca a nuestras puertas. Si no me creen, pueden preguntarle al apostador en las carreras de caballos y anuncian la partida de la carrera principal por la pista de grama. O al niño que le cambia la cara cuando anuncian que partirán el pastel en una fiesta “El mío con helado” grita sonriente y esperanzado.

En realidad, lo de la felicidad es un tema complicado. Primero, porque según el dicho, la dicha nunca es completa. Es fugaz, para poder disfrutarla totalmente. Y les pregunto: ¿Por qué todas las cosas ricas, tienen que acabarse tan rápidamente? Y les respondo: “yo qué sé”. Pero pregúntenme por qué la gente insiste en comprarla y yo les responderé que… ¡tampoco lo sé!, deben estar ciegos de la mente para no darse cuenta que no se encuentra en vitrinas y que ninguna chequera podría girar suma alguna para adquirirla. Recuerden, antes que nada, la frase mencionada: ”la felicidad para ser real, debe ser compartida”, y leyendo entre líneas también podría entenderse en el sentido de que no es para egoístas ni egocéntricos.

Una particularidad encontrada en los laboratorios de investigación de la parroquia, es que contrario a las leyes físicas conocidas y al creer popular, entre más se divida, la felicidad resultante es cada vez más grande. Qué cómo es eso me preguntarán ustedes y yo les responderé que tampoco lo sé, yo no soy el investigador, tan sólo soy el fundador del Instituto de Investigaciones de la Parroquia.

Y para empezar a poner en práctica lo visto y aprendido en este sermón, muy cordialmente los invito a que antes de partir tomen esos billeticos con varios ceros que llevan en sus carteras y los depositen con mucha felicidad en la cajita de limosnas que se encuentra a la izquierda entrando -o a la derecha saliendo- en pro de nuestra querida Orden de Misioneros que Buscan su Piscina Propia.

Bendiciones,

jomonk2

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