viernes, 12 de noviembre de 2010

Obispos casados

alianzas

Pueden sorprenderse… de pie, o mejor, sentados. Por fin la iglesia católica tiene curas casados y como si fuera poco, con hijos. El obispo anglicano John Broadhurst, regresa al catolicismo al ser recibido con los brazos abiertos por el Vaticano. Eso dice el correo electrónico que me ha enviado Roma como aperitivo para mi desayuno. Lo he vuelto a leer, he confirmado la dirección electrónica para estar seguro que no es una broma del cura García –el de la parroquia del otro barrio-, le he corrido el antivirus (al correo, no a García) y he llegado a la conclusión, inequívoca, de que es verdad: tenemos Obispo casado.

Permítanme decirle que no es uno más el que se nos une, ya que, como dije antes, tiene cuatro hijos, así que ahora tendremos un miembro muy activo, que podrá ayudar a ver la luz a más de una persona en nuestra familia y de aquí en adelante seguiremos multiplicándonos sin límites. Me refiero, por supuesto, a la familia católica y a aquello que dicen del celibato.

Nuevos vientos empiezan a sonar en casi todas las parroquias. Ya me han llamado –por cobrar- varios párrocos para consultar mi opinión sobre el futuro cercano de nuestro estado civil. Será que es un abrebocas metafóricamente hablando- y ya que, si los anglicanos reincorporados pueden, nosotros deberíamos poder también. Todos los que llamaron aseguran que ellos todavía podrían. Total, nuestros miembros no se han ido, sino que han permanecido y siguen estando. ¿No tendrá mayor valor eso para Roma? O, ¿tendremos que irnos y volver casados para que nos acepten con la familia y todas las otras virtudes que tenemos?

Las misas cambiarán con seguridad. En pleno acto litúrgico tendríamos que invitar a reflexionar a los fieles, mientras vamos a cambiar los pañales porque la Secre estará ocupada con lo del biberón. O viceversa, tendríamos que ir a cambiarle los pañales a la Secre porque el niño estaría ocupado con lo del biberón. De cualquier manera los fieles reflexionarían. O en plena lectura del evangelio, cruzarían por la nave principal de la parroquia los niños y sus amigos saltando, jugando a la guerra nuclear, mientras diríamos: “tan lindos los angelitos”.

Aquí entre nos, me preocupa la Secre, si llegaran a autorizar que nos casemos. Como la llamaría entonces, La Doña? Que suena feo eso. Tendría que darle copia de la llave de la cajita de limosnas? Compartir el vino de consagrar en cajita con ella? Es que hay que pensar en las cosas importantes que trae consigo tal autorización. Puedo dar yo la misa de nuestro matrimonio? En caso contrario, me vería obligado a llamar al cura García? Lo peor es que con esta medida nuestra congregación se duplicaría en número y la piscina tendría que proyectarse al doble de tamaño. Si no hemos podido construir la pequeña, nunca llegaremos a ver la grande.

Hoy, la limosna debería ser más generosa que nunca, ya que incluye el aporte –voluntario- para festejar nuestro próximo matrimonio.

Bendiciones

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lunes, 8 de noviembre de 2010

La concentración

concentrado

Todos de pie. La concentración es importante para poder sobrevivir cada día. No es algo que podemos decir "mañana me concentro, hoy estoy cansado" sino que la necesitamos prácticamente para todo o mejor dicho: para absolutamente todo. Es como respirar, pero con la diferencia de que no concentramos aire sino metas.

Si alguien pregunta ¿qué es la concentración? le puedo decir que es la acción y efecto de concentrar o concentrarse. Y concentrar, es atender o reflexionar profundamente, como cuando respiramos… profundamente. Pero no todo el que atiende se concentra, la prueba irrefutable son las oficinas públicas. Y yo les digo que no debemos distraernos, ni perder el foco.

Y no exagero cuando digo que no sobreviviríamos sin ella. ¿Qué pasaría si cruzamos la calle sin estar concentrados? Pues que un camión que venga puede enviarnos a casa disfrazados de estampilla. Y ¿si cocinamos sin concentrarnos? que quedaremos más negros que un agujero ídem. ¿Si trabajamos sin concentrarnos? lo inevitable: perderemos el empleo.

Y cómo está de complicado conseguir trabajo ¿han visto? Ya no es como antes que venían a buscarnos a la casa para ofrecernos un puesto. Creo que hoy hay menos trabajos que antes y como somos más en el mundo -por aquello de la inflación- pues hay menos trabajos para repartir. Las únicas vacantes son los puestos políticos pero como soy honrado, no los tomo.

Y hablando de tomar, esa es otra cosa con la que no comulgo: la bebida. Es llenar el cuerpo de toxinas borrachas que se van tomando nuestros reflejos, nuestra mente y hasta nuestras palabras y terminan hablando por uno haciéndonos quedar como un verdadero zapato ante la humanidad. Pero como somos humanos tenemos que tomar, al menos alguna vez. Yo, por ejemplo, una vez tomé un camino que no llevaba a ninguna parte y tuve que devolverme lo que había andado. Ese día perdí como dos horas en el viaje que debía tomarme únicamente unos 15 minutos.

Y eso es grave, porque el tiempo es oro y no podemos ir cada día perdiendo un poco aquí y otro poco allá. Debemos ahorrarlo para tener suficiente tiempo extra para cuando ya casi no nos quede. Así cuando tengamos la edad de las abuelitas, podremos sacar de la manga el as escondido: "miren, tengo más tiempo guardado, aún no me voy”.

Aunque la verdad, es que ya me voy. Tengo que ir a hacer mis ejercicios de concentración. ¿Les dije ya que es necesaria para sobrevivir en este mundo? Bueno, vamos todos concentrados hacia la cajita de limosnas y concéntrense en los billetes.

Bendiciones,

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miércoles, 3 de noviembre de 2010

Evangelización en alta mar

Barco

En aquel famoso mar, los piratas hicieron de aquellas aguas, una tierra de nadie. Por eso Roma me envió directamente a evangelizarlos, no había tiempo que perder. Debíamos colonizar esas tierras… ¿esas aguas? o mejor… los barcos, antes que otros lo hicieran por nosotros, y… por supuesto, salvar esas almas.

Roma fue clara en su mensaje: “Farenas, muévete ya”. Les respondí que ya iba en camino y quedamos en que si lograba encontrarlos, si lograba salvarme y además, si lograba evangelizarlos y convertirlos, me darían parte de cualquier tesoro escondido que pudiera encontrar durante esta misión. Donarían para mi piscina un doblón de oro. El resto iría directo para Roma en la valija diplomática.

Para aquellos que sólo han escuchado de piratas cibernéticos, permítanme recordarles que la voz “pirata” viene del latín “pirāta”, que a su vez viene del griego πειρατης (peiratés). Es decir que el primer pirata fue griego y del segundo en adelante, fueron todos unos latinos, que no dejaban en paz barco que se les atravesara en el camino. Desde esa fecha, exactamente un montón de años atrás, con decirles que no existían los walkman en ese entonces, la voz ha sufrido muchos cambios, lo que no debe sorprendernos ya que a todos nos pasa, especialmente en la adolescencia.

Busqué la foto de un pirata en Internet para saber cómo era y así poder identificarlo cuando viera uno. En realidad pensé que eran diferentes y no sé por qué me pareció muy familiar su cara. La guardé en mi bolsa, junto con el escapulario y el misal y partí.

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Tomé un taxi y le dije con voz fuerte y segura: “lléveme a alta mar”. El conductor me miró con ojos de “quién-se-cree-que-es-este-lunático” y me hizo bajar del vehículo. “Mi dinero es bueno, ateo” le dije mientras corría hacia el otro lado, no fuera que quisiera devolverse. Tomé el metro y me puse a medir las dimensiones de mi valija, ya que si decidía a irme en avión, debía asegurarme que estuviera dentro de lo aceptado por las líneas aéreas.

Ya en pleno vuelo hacia la costa, me dediqué a averiguar dónde quedaba Alta Mar y descubrí –no sin asombro- que quedaba en todas partes. Los países se pusieron de acuerdo para distribuirse el mar de alguna manera… de alguna manera lo lograron y lo dividieron en el mar territorial que comprende las primeras 12 millas a partir de la costa. Luego, otras doce millas de zona contigua. Dicen contigua pero no cuenta contiguo para nada. De ahí cuentan 200 millas y la llaman la zona económica exclusiva. Entre tantas cuentas son todas millas y tuyas… no hay ninguna. Es decir, si te metes a las millas, te hundo. Con razón hay piratas, me dije y rápidamente pensé en devolverme a buscar a los verdaderos piratas que deben estar sentados cómodamente en las Casas de Gobierno de cada país.

(Continuará)

Bendiciones y les recuerdo pasar por la cajita de limosnas por si acaso no encuentro ningún tesoro y Roma no me da mi comisión.

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Enlaza al Confesionario †