sábado, 17 de noviembre de 2012

El verdadero amor


Todos sentados.
Quiero empezar advirtiéndoles, queridos feligreses, que en el sermón de hoy escucharán del párroco algunas palabrotas. No, no estoy enojado. Es que hoy hablaremos del amor, pero no de un amor cualquiera, aquí no tocamos temas simples, sino que quiero que recapacitemos, aprendamos y para poder defendernos de la locura que padecemos cuando amamos.

Y las palabrotas a las que me refiero, tampoco son groserías, sino términos científicos, que muchos, no sólo no saben que existen, sino que, además, corren por su cuerpo y más exactamente por su cerebro. Todo lo que escucharán no proviene de Roma, que se encarga de materias espirituales. Viene de una reconocida universidad norteamericana, la UNAM, Universidad Autónoma de México, donde trabaja la doctora Georgina Montemayor, o Georgi, como le dicen sus amigos, que habló con la verdad desnuda, de sus “descubrimientos” y de los estudios –todos muy profundos- del recorrido del amor en los seres humanos. Es importante aclarar que la única condición necesaria para poder aplicarlos, es ser humano. No se cumplen si se es un animal en el amor.

Bueno, sin más preámbulos vamos al lecho… digo…, al hecho, o al grano, como diría un dermatólogo.
La primera revelación es que el amor se aloja en el cerebro y no en el corazón como erróneamente se ha creído durante siglos. Por lo que los invito a prepararse para empezar a cambiar sus frases cariñosas por: “te amo desde el lóbulo frontal hasta el occipital”, “te adoro con toda mi materia gris”.

"El enamoramiento es un programa que tiene el cerebro y es tan potente que podemos decir que es un estado casi demencial", le dijo Georgi al diario El Tiempo de Colombia. Lo que automáticamente avala la tan trillada frase de “Te amo con locura”, aunque determina una redundancia, gramaticalmente inaceptable, pero como hablamos de orates en acción, no viene al caso corregirla.

Lo que lleva a ese estado está científicamente probado por la UNAM, es decir, está confirmado por todos, UNAMinamente. Resulta que la dopamina (empezamos con las palabrotas) que es la que tiene como misión desatar la felicidad y el placer, sale al escenario produciendo una sensación de bienestar y bloqueando la corteza cerebral, neutralizando el razonamiento. Así, cuando encontramos a nuestra media naranja, nos volvemos irracionales y podemos acercarnos para decirle: “Verte ha sido todo un placer, te amo irracionalmente y me siento muy feliz por ello”. Yo siempre me refería a esta situación simplemente, como Amor a primera vista.

La doctora no garantiza que esa persona esté disponible, que no vaya acompañada de su actual marido, ni que sea recíproca la activación de la dopamina, por lo que, como en ciertos productos, debería tener indicadas las alertas indispensables como: “Utilícese con precaución y bajo su propia responsabilidad”, “Puede producir efectos secundarios” y adicionalmente, “Agítese antes de usarse” como cualquier jarabe para la tos. Aunque esta última es tan obvia que perfectamente podría dejarse de lado.

La mala noticia para los que creen en un amor para toda la vida, es que sus efectos no son permanentes, pues duran un máximo de cuatro años. El cerebro no es tonto –lógico que no- y reacciona –aunque no con la rapidez que esperamos- y envía a todos sus efectivos disponibles para salvar al cliente de turno y hace que la hormona baje sus niveles, que piense nuevamente y que de poco a poco –algunos cuantos, abruptamente- vuelvan a la realidad, le dijo a la misma fuente, Leonardo Palacios, neurólogo de la Universidad del Rosario. En esos casos, sugiero yo, sentarse y conversar racionalmente –ya la hormona dejó de actuar, recuerden- “como tienes ese dolor de cabeza que no te ha pasado en meses y yo he tenido tantos días duros en el trabajo, antes de irnos a dormir, hablemos de la separación inevitable”.

Dice Palacios, además, que el cerebro produce para el abrazo, la hormona oxitocina y para el apego, la vasopresina. Confieso que yo juraba que los abrazos los motivaba cada gesto tierno de la Secre y que el apego que siento por ella, era su manera de contar las monedas de la cajita de limosnas junto con su respeto por el vino de consagrar en cajita, que recibo de Roma cada tanto. ¿Qué hormona producirá ela hormona que nos defienda del amor ciego?

Recuerden pasar por la cajita que se encuentra a la derecha entrando o a la izquierda camino de salida, antes de retirarse a revisar sus niveles hormonales , antes de que se desencadene un final en los que los únicos ganadores serán los abogados de cada uno.

Bendiciones,

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